Diego y Marcela son una pareja que decide emprender un nuevo negocio de viajes. Crean la agencia con la visión de no ser una más del montón, quieren realmente enfocarse al cliente, por lo que decidieron por ahora no contratar a nadie más. 

Luego de unos meses de apertura, un cliente frecuente les propone hacer un paquete para una promoción de colegio, pero que además se encarguen de toda la logística de actividades en el lugar. La propuesta les sorprende y deciden aceptarla a pesar de no tener experiencia en esto, nunca le han dicho NO a nada y esta es una oportunidad para crecer. 
Las oportunidades suceden juntas, les llegan 2 ofertas de trabajos adicionales: 

La primera es un programa de confraternización para ejecutivos de una empresa para explotar su creatividad, la idea del gerente de la empresa es que sea en Machu Picchu porque escuchó que grandes gerentes de empresas mundiales lo hacen.

La segunda es un casamiento en Punta Cana, la pareja no quiere preocuparse de nada y quiere que la agencia les organice todo, viajarán adicionalmente 10 personas de la familia ya confirmados.

Deciden aceptar estas propuestas con un brillo en los ojos, está sucediendo mucho más de lo que esperaban.
Diego acostumbrado a ser detallista decide dedicarle tiempo extra a organizar el contenido las 3 oportunidades. Se queda 2 horas más cada día en la oficina a puertas cerradas y le dice a Marcela que descanse para mantener una buena atención al cliente.

Después de 2 meses de dedicación a las 3 oportunidades y de dejar de lado la captación de nuevos clientes, de la promoción de colegio solo la mitad decide tomar la oportunidad por el precio. El programa para ejecutivos se suspende completamente, el gerente canceló. Los únicos que continúan son las personas que se casarán, aceptan el precio y ahora viene la organización de la logística en la vida real. 

Les espera mucho trabajo y al final van a tener que dejar a alguien atendiendo o cerrar la tienda los días que viajaran, la personalización es importante, tienen que ir sí o sí.
El día llega, dejan a dos parientes a cargo de la atención de los clientes con todas las pautas para venta de pasajes… aunque nadie atenderá a sus clientes con la misma pasión.
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¿QUÉ TIENE QUE VER ESTA HISTORIA CON UNA SILLA MECEDORA?
Las oportunidades que tomamos o los proyectos que hacemos que no están alineados a la estrategia, es decir que no planifiqué de antemano realizar, si me distraen de mi objetivo principal se conocen con lo que yo llamo el síndrome de la silla mecedora: Nos estamos moviendo, pero no llegamos a ningún lado.

¿ACASO ES MALO QUE DIEGO Y MARCELA BUSQUEN APROVECHAR CADA OPORTUNIDAD QUE SE LES PRESENTE?
Si esa oportunidad afecta a la visión a largo plazo se verán envueltos en apagar incendios, ya sean problemas “urgentes” u oportunidades únicas. No es que esté mal aprovechar oportunidades, está mal si es que los hace fracasar en su plan a largo plazo.
La estrategia pudo cambiar para dedicarse a organizar eventos con promociones, pero aceptar 3 proyectos con elementos diferentes con seguridad hará que dispersen sus esfuerzos, “el que mucho abarca poco aprieta”.

¿CÓMO EVITO ESTAR EN UNA SILLA MECEDORA EN MI EMPRESA?
Enfocandome, “la persona que caza dos conejos no atrapa a ninguno” dice Confucio. Tengo que tener reuniones de planificación de la visión a mediano plazo de la empresa y tengo que aprender a decir NO a ciertas oportunidades por más atractivas que parezcan. Y si soy empleado debería conocer a donde apunta la empresa para no terminar haciendo algo que va a generar poco impacto (que difícil).

EN CONCLUSIÓN
Enfocarme en mis objetivos me ayudarán a seguir siendo importante para mis clientes. 
Si quiero aprovechar una oportunidad tengo que ver qué impacto tiene a mediano y largo plazo y como puedo integrarlo en los servicios que ya vengo dando. Muchas empresas de distintos tamaños y rubros tienen proyectos que no aportan nada a la estrategia y solo se hacen para decir que están haciendo algo.

CS

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